Porque no solo de tiktok vive el hombre

Estamos en un momento en el que el consumo de redes sociales es una rutina integrada en nuestra vida desde hace varios años, especialmente las plataformas de videos cortos como TikTok, YouTube Shorts o Reels. Pero, ¿te has preguntado qué impacto tiene esto en tu salud mental? Apuesto a que sí, igual que yo.
Considero que mi consumo de este tipo de contenido es promedio. Me gusta estar al tanto de tendencias, noticias o alguna polémica entretenida. Sin embargo, hay días en los que puedo perder mucho tiempo: me digo que solo veré un par de videos y, cuando me doy cuenta, ya pasó media hora.
Y la verdad, no es ninguna sorpresa. No es una noticia nueva que este tipo de contenido está afectando nuestro cerebro: menos concentración, menor tolerancia, adicción a la inmediatez… una larga lista de efectos negativos.
AYUNO DE REDES SOCIALES
Por eso decidí dejar las redes sociales durante una semana, siete días, para romper el hábito de consumirlas durante tantas horas y ver si había algún cambio en mi estado emocional.
Suelo usar principalmente TikTok y Twitter (ahora X) todos los días, aunque sea unos minutos. Pero me propuse dejarlos por completo. También incluí Instagram y Facebook, para no caer en la excusa de “solo es Facebook, no pasa nada”.
Día 1
Se supone que es el más difícil, y en cierta forma lo fue. Me di cuenta de que, al desbloquear mi teléfono, mi mano iba automáticamente a abrir Twitter. Lo cerraba apenas veía el logo.
Dejé de lado el teléfono; solo lo usaba para WhatsApp y llamadas. Continué con mi rutina: hacer ejercicio, estudiar y actualizarme.
Al inicio, me daba mucho sueño en las tardes. Aunque dormía, sentía que no descansaba bien. En cuanto a la concentración, estaba bien. Usé la técnica Pomodoro (30/5). Me costó llegar a los 30 minutos de estudio, pero lo logré.
El primer día fue superado con éxito.
Día 2 y Día 4
Las aplicaciones parecían notar mi ausencia: empezaron a llegar notificaciones como “X persona subió 12 fotos” en Instagram o “renunció X persona a su cargo” en Twitter. YouTube, por su lado, insistía con “polémica con X creador de contenido”.
Por un momento sentí el famoso FOMO: la sensación de estar perdiéndome algo. No estaba al tanto de lo que ocurría en tiempo real. Aun así, decidí continuar.
Cabe aclarar que me informé sobre los sucesos importantes de mi país a través de la radio. Sí, escuché y presté atención a las noticias después de mucho tiempo.
Seguí estudiando, intentando estructurar mi blog, peleando con WordPress o Google Analytics porque no entendía algunas cosas. Y cuando buscaba información, aparecían miles de “gurús” vendiéndome sus cursos (otro tema del que quiero hablar).
Noté avances con la técnica Pomodoro: pasé de 30 minutos de concentración a 45 e incluso a una hora, con sus respectivos descansos. Para mí, fue un ganar-ganar.
Aunque estaba concentrada y haciendo actividades que me gustan, como estudiar, no lo considero trampa. Al final, estaba usando el tiempo que antes dedicaba a redes. O bueno… ¿tú qué opinas?
Día 5
No salió el sol, hacía frío y lo único que quería era dormir y ver algún TikTok que me distrajera. Estaba cansada por los días anteriores de estudio, así que me di unas horas de descanso para relajarme.
Y sí, ese día sí me costó no entrar a redes sociales.
Día 6 y 7
Los últimos días fueron más simples. Tenía varios pendientes, así que ni tiempo me dio para pensar en redes sociales.
El último día me puse a escribir y reflexionar sobre la semana: lo que había logrado y cómo quería seguir a partir de ahora. Me gustaba sentir que mi capacidad de atención había mejorado y no quería perder ese progreso.
Y así terminó. No fue la gran cosa. Pensé que sería más difícil, pero estuvo bien.
Estos días han sido positivos. Reducir a cero el consumo de redes sociales me dio paz. Más allá del FOMO, sentí tranquilidad.
El contenido que circula en redes es demasiado repetitivo, a veces incluso idéntico. No solo es aspiracional, también es un recordatorio constante de que todo avanza a una velocidad que asusta. No porque no pueda adaptarme, sino porque no me deja disfrutar el presente.
Las redes sociales, si bien reflejan lo que ocurre a nuestro alrededor, también son una especie de feria virtual donde todos intentan venderte algo. Y eso me cansa.
Me cansa no poder disfrutar algo sin tener enfrente un cartel gigante de publicidad (otro tema del que también quiero hablar).
Ahora que terminó mi ayuno de redes sociales por siete días, ¿volveré a consumirlas como antes?
En pocas palabras: no.
Planeo reducir aún más su uso, ser más selectiva con el contenido que consumo y comparto. La meta ahora es estar más presente. No como un comentario o un “like”, sino en la vida real.
Y algo importante que descubrí: en realidad, no todo va tan rápido como parece. Sí, avanzamos, pero no a la velocidad que las redes nos hacen creer.
Deja una respuesta