EL AMOR MÁS BONITO

Hace unos días, en uno de esos momentos en los que casi de milagro miro televisión, me encontré con dos comerciales de Gloria por el Día de la Madre. Uno de ellos me tocó el corazón. Sin exagerar, es de los comerciales más bonitos que he visto en mucho tiempo. Es del año 2024, pero esta fue la primera vez que lo vi.

El anuncio retrata, con una sensibilidad poco común, las distintas etapas de la vida: infancia, niñez, adolescencia y juventud. Pero no se queda solo en eso. También muestra cómo evoluciona la relación con mamá: esos momentos en los que la distancia aparece, en los que no somos tan cercanos, pero en los que, aun así, ella siempre está. Y luego, el giro en la adultez: el reencuentro, las miradas que dicen todo y ese gesto final de invitarla a bailar. Es una escena simple, pero profundamente poderosa. Una pequeña obra de arte.

La elección musical no se queda atrás. La canción de fondo es “El amor más bonito”, compuesta por Marco Antonio Solís a inicios de los años 90. Encaja perfectamente, no solo por su letra, sino por lo que representa. Es de esas canciones que, de una u otra forma, muchos hemos escuchado junto a nuestras madres, ya sea en la voz de Rocío Dúrcal o Tito Nieves. Un clásico que, sin pedir permiso, ya forma parte del soundtrack emocional de toda una generación, especialmente de los millennials.

El segundo comercial, “Leché amor”, también merece mención. Gloria ya nos tiene acostumbrados a jugar con las frases de sus etiquetas, y aquí vuelve a hacerlo con inteligencia: “leché”, como una forma creativa de decir “le eché amor”. Este anuncio está más enfocado en las mujeres que recién empiezan la maternidad, pero que, al mismo tiempo, siguen siendo hijas. Y ese punto es clave: la maternidad no reemplaza ese vínculo, lo transforma.

En un contexto donde la publicidad suele apostar por lo inmediato y lo olvidable, propuestas como estas destacan. No solo venden un producto; cuentan historias en las que es fácil verse reflejado.

Gloria, lo estás haciendo bien.

Porque sí, emociona encontrar contenido que no solo entretiene, sino que también nos hace detenernos. Recordar. Valorar. Agradecer, aunque sea un poco, la vida y el amor que nos rodea. Y, desde aquí, un saludo —quizá adelantado— por el Día de la Madre. ¡Feliz día!


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